Acceso abierto·Documento·2020·Español

Salud mental y pandemia por Covid - 19

José Lívia Segovia

Openalex

Resumen

Editorial<p>La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1948) define la salud como un estado de bienestar físico, social y mental, constructo que refleja la interacción de factores sociales, políticos, económicos, culturales y científicos.(Alcántara, 2008), aspecto que hoy se encuentra amenazada por la aparición del Coronavirus 2019 (Covid 19) que produce el Síndrome Respiratorio Agudo Severo(SARSCoV-2), (García-Iglesias et al, 2020;Del Rio y Malani, 2019; Lai et al, 2020) y que está poniendo en evidencia los factores señalados. Desde el marco político se indica que se está viviendo una tragedia griega en las relaciones entre Estados Unidos y China, con repercusiones para el mundo. Ambos gobiernos se han hecho señalamientos y acusaciones, desaprovechando una gran oportunidad de cooperación, sobre todo para generar vacunas, por lo que se hace necesario reducir tensiones entre las potencias y apoyar a las naciones pobres a luchar contra el virus(Christensen, 2020). Desde el marco socio-económico se ha señalado que la pandemia es una prueba de estrés para los gobiernos y de liderazgos para los presidentes, poniendo en evidencia la crisis en los servicios públicos, sobre todo los vinculados a salud y educación. (Malamud y Nuñez, 2020). La crisis ha afectado ampliamente la economía y el mercado laboral, tanto en la oferta, producción de bienes y servicios; como en la demanda relacionado al consumo e inversión (Organización Internacional del trabajo, 2020). Desde el plano científico, ha permitido establecer propuestas como fondos concursables, rediseñar incentivos a la carrera científica y actualizar practicas científicas en las universidades, así como mejorar la trasparencia y eficiencia del gasto público en ciencia y tecnología, además de proponer aspectos colaborativo entre países para secuenciación genética del virus, además de propiciar prácticas de ciencia abierta, formar investigadores en bioinformática y ciencia de datos; además de fortalecer las políticas de ciencia, tecnología e innovación (Banco Interamericano del Desarrollo, 2020) Considerando la salud con sus tres componentes, es evidente como la salud física está comprometida frente al Covid-19, sobre todo en las personas que disponen factores de riesgo llegando a ser mortal. Díaz Castrillón y Toro- Montoya(2020) señalan que las tasas de mortalidad se estiman entre 1% y 3%, afectando principalmente a los adultos mayores y a las personas con comorbilidades, como hipertensión, diabetes, enfermedad cardiovascular y cáncer, a la cual también podemos agregar la obesidad (Petrova et al, 2020). Señalan. García-Iglesias, et al (2020) que muchas personas infectadas son asintomáticas; quienes expulsan grandes cantidades de virus, siendo un gran reto su control para detener la propagación de la infección. Establecen que la vigilancia epidemiológica es muy importante para controlar la propagación del virus, y el aislamiento es el medio más efectivo para bloquear la transmisión. Debido a este panorama la OMS anunció el 30 de enero del 2020 la situación de emergencia de la salud pública a nivel mundial y el 11 de marzo fue considerada como pandemia, ya que afectaba a más de un continente y donde los casos de cada país se daban por transmisión comunitaria. Amela, Cortes y Sierra (2010) indican que el aislamiento y la cuarentena son dos estrategias de salud pública no farmacológicas, que se utilizan para prevenir la propagación de una enfermedad altamente contagiosa, definiendo tres conceptos importantes: Aislamiento: separación y restricción de movimientos de las personas enfermas (casos confirmados y/o sospechosos) con el fin de prevenir la transmisión de la infección a personas susceptibles. Cuarentena: restricción de movimientos de las personas sanas que hayan estado en contacto con personas enfermas durante su periodo infeccioso. Es una medida de precaución para prevenir la posible transmisión de la infección a otras personas. Medidas de distanciamiento social: incluyen medidas en la comunidad para reducir el contacto entre la población como pueden ser: la recomendación de restringir viajes, medidas en el entorno escolar, laboral y comunitario. (p.499). En el Perú al día 24 de Agosto del 2020 se reportaron 600,438 casos positivos por covid-19 y 27,813 fallecidos por este virus, con una tasa de letalidad de 4.63%,(https://covid19.minsa.gob.pe/sala_situacional.asp). Según la Universidad de John Hopkins ocupa el sexto lugar de casos en el mundo (https://coronavirus.jhu.edu/map.html). Esta epidemia no solo está reflejando la situación de la salud pública, sino como señala Cueto (2000), citando a McNeill “las epidemias son el factor oculto y verdadero de la Historia que explica el desenlace de muchos acontecimientos”(p.17), o citando a Durey “Una epidemia magnifica la relación entre los sistemas económicos y las condiciones de existencia; ilumina dimensiones poco conocidas de las mentalidades, ideologías y creencias religiosas, e ilustra los esfuerzos y las carencias por cuidar la salud pública(p.18)”. Entonces el Covid-19 está reflejando nuestra personalidad básica, nuestras creencias, nuestra identidad cultural y aspectos psicosociales que pueden estar reflejadas en la “cultura Combi”o el “achoramiento”. A nivel regional América Latina está considerada como el epicentro de la enfermedad (https://www.bbc.com/mundo/noticias-51705060). Este problema de salud pública suscito que el Gobierno del Perú declarara el día 15 de marzo el estado de emergencia nacional y aislamiento social obligatorio, el mismo que se fue extendiendo en varias oportunidades, hasta llegar a más de 100 días. Asimismo, Llerena y Sánchez (2020), señalan que la pandemia ha puesto en evidencia una serie de problemas en el país, desde poca capacidad de gestión de gobiernos regionales, corrupción en el gasto público, violencia de género, situación vulnerable de los migrantes no sólo extranjeros sino también nacionales, así como situación critica de las industrias y emprendimientos culturales. A este panorama Maguiña (2020) expresa: “Esta nueva enfermedad (COVID-19), ha desnudado de manera cruda y real, la terrible situación sanitaria del Perú: hospitales viejos, falta de materiales, laboratorios especializados, camas, ventiladores, especialistas, y una población geriátrica abandonada, médicos mal remunerados, sin seguro médico, y como nunca, falta de equipos de bioseguridad para combatir a este nuevo flagelo.” (p.8). No cabe duda que las pandemias perturban nuestro sentido de la realidad y el orden, lo que lleva a un cambio en la forma de almacenar y metabolizar recuerdos y experiencias (Khan y Huremović, 2020). La situación descrita está generando reacciones psicológicas, como lo expresa Brooks et al., (2000): temor a la infección por virus y enfermedades, expresión de sentimientos de frustración y aburrimiento, debido a no poder satisfacer las necesidades básicas y no disponer de información y recomendaciones de actuación claras. Esta pandemia también activa nuestras actitudes hacia la muerte, revive nuestra angustia existencial, pone en juego la fortaleza física y psicológica de los equipos de salud y enfrenta a los familiares ante el duelo por haber perdido seres queridos. Así como respuestas al aislamiento social, desde uso del tiempo libre hasta la convivencia, poniendo en juego nuestra salud mental y especialmente nuestra resiliencia. Desde el ámbito de la psicología positiva podemos decir que la pandemia está poniendo en evaluación nuestras fortalezas trascendentales, las mismas que generan emociones positivas y permiten el funcionamiento óptimo del ser humano (Fredrickson, 2001), entendiéndose como virtudes y fortalezas, consideradas como rasgos positivos de personalidad, las cuales están conformadas por: sabiduría, coraje, humanidad, justicia, templanza y trascendencia (Martínez, 2006). Casali, Feraco, Ghisi y Meneghetti (2020) investigaron el papel protector de las fortalezas del carácter para mantener la salud mental y la autoeficacia durante el aislamiento social, recopilando datos de 944 encuestados italianos, mediante una encuesta en línea que investigaba las fortalezas del carácter, la angustia psicológica y la autoeficacia relacionada con Covid-19 un mes después de que comenzara el aislamiento. Los resultados pusieron en evidencia cuatro factores de fortaleza: trascendencia, interpersonal, apertura y moderación. Las fortalezas de la trascendencia establecieron una asociación inversa con la angustia psicológica y una asociación positiva con la autoeficacia, evidenciando la importancia de las fortalezas del carácter para apoyar la salud mental(menores niveles de estrés, ansiedad y depresión) y una mayor autoeficacia como una mejor forma de abordar la situación provocada por la pandemia, por tanto el eslogan italiano de Covid-19”todo va estar bien”, difundido por los medios de comunicación ayuda a tener una actitud positiva para poder manejar mejor el confinamiento y el aislamiento social, generando pensamientos esperanzadores y mejor manejo de los eventos estresantes. Se ha considerado que la salud mental es la fuerza energética más importante para el desarrollo de un país, constituyendo: “… la actitud psicológica, espiritual y social del ser humano frente a la vida, así mismo y a los demás,… ” (Perales, 1989, p.106), habiendo expresado la OMS (2013) “no hay salud sin salud mental”.(p.6). Respecto a la salud mental del personal de salud, una revisión sistematizó 13 estudios, indicándose que la salud psicológica de los profesionales sanitarios que trabajan directamente con pacientes covid 19, presentan niveles medioaltos de ansiedad, depresión, preocupación e insomnio, y en menor medida estrés. Estas reacciones psicológicas son producto de la carga y jornada laboral, unido a las restricciones de materiales de protección, sufrir aislamiento o cuarentena, ver morir a sus pacientes, y estar expuestos de forma más directa a la infección, generando miedo de contagiar a sus familiar

Cómo citar

José Lívia Segovia (2020). Salud mental y pandemia por Covid - 19. https://doi.org/10.24039/cv202081788